Ya os he hablado de Lola, es la nieta de mis vecinos. Lola me sirve para saber que el tiempo pasa. De repente, un día ocurre algo que detiene tu vida (no la detiene realmente, pero a ti parece que todo se para). El mundo deja de girar, hasta puedes oír como frena la esfera terrestre, no hay ni rotación ni traslación, todo se queda quieto. Y decides quedarte mirando, estático sin mover ni un músculo, no puedes, todos duelen. Y en ese silencio oyes a Lola, ya balbucea, ¿pero si Lola no estaba cuando todo se paró? Bueno estaba por venir, pero no estaba. Lola ya balbucea. Sigues en la nada, en el silencio, observando que todo se ha quedado parado. Miras la foto fija del instante, no la miras, es lo que tienes en la retina y lo ves. La furgoneta amarilla, la carta, el dolor. Nada se mueve.

Lola ya camina. Y no para de moverse, rompe la quietud de tu nada. Lola corre, Lola ríe, Lola llora. ¿Cómo conseguirá desplazarse en la quietud? ¡Lola, estate quieta!, ¡Lola se ha caído! Lola llora, Lola duerme. Ni su sueño se parece a mi nada. Lola me ayuda a saber que el tiempo pasa. Lola me ayuda a volver al hoy.

Foto: Solobebes.org

A Lola le deben estar quitando el pañal, porque todo el mundo está pendiente de su pis. Lola, cuando tengas pis, me avisas. Lola me ha servido para saber que el tiempo no se paró, que el mundo siguió girando y que una vez reparados los daños había que seguir. Sin los que se quedaron por el camino (o se fueron, o nunca estuvieron, o los apartaste) pero feliz con los que permanecen, e ilusionada con todos los nuevos que llegan. Lola, me baja a la tierra. Lola se hace pis.

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